viernes, 24 de septiembre de 2021

SITUACIÓN GEOGRÁFICA DE EGIPTO

 Egipto esta situado ente los 22° y los 32 ° de latitud. Situado entre el meridiano 25° y el 35° de longitud Oeste. Forma parte del continente africano, ocupando la zona nororiental.

Esta bañado por el Mar Mediterráneo en su zona Norte, el Mar Rojo, al Este. Por el Sur limita con Sudan y al Oeste con Libia.

Su extensión total es de 1.001.449 kilómetros cuadrados, reducidos por la ocupacion israelí de la Península del Sinaí.

El territorio esta dividido en cuatro zonas básicas: la Península del Sinaí, las montañas del Este del Nilo, el desierto Occidental y el Valle del Nilo. 

El desierto de Libia, al que accede por el Oeste, se caracteriza por su arena fina, mientras que el desierto del Este, el desierto Arábigo, es mas un terreno yermo y desolado. Pero en medio de toda esta sequía, un río, el Nilo, cambia el paisaje de norte a sur del país. Es el río mas largo del mundo, y, a lo largo de sus 6.671 kilómetros va dando vida mediante sus sedimentos, a una tierra viva y fértil.




viernes, 17 de septiembre de 2021

ARTES MENORES EN EL REINO NUEVO

 Durante el Reino Nuevo son característicos los sarcófagos momiformes, de madera, estucados y pintados y con gran peluca. Sobre el pecho, un collar en forma de halcón. El ataúd iba decorado con pinturas de otros dioses y bandas inscritas Aunque se siguen utilizando ataúdes de piedra, haciéndose más monumentales.

También son característicos los "azules egipcios", una cerámica vidriada de azul fuerte, también conocida como fayenza. Se utilizaba para hacer ushebtis (estatuillas que acompañaban al difunto al más allá para sustituirle o servirle), amuletos, máscaras funerarias, cuencos, copas, etc. Dichas copas tenían formas muy variadas, desde lotos a papiros, nenúfares o tilapias del Nilo.


Copa en forma de loto, de fayenza. Dinastía XX. Museo de El Louvre


Se realizaban ushebtis de madera o arcilla, momiformes, dentro de pequeños ataúdes de madera.

Los muebles de madera, y los objetos de tocador de alabastro también tienen gran presencia en esta época.

Respecto a la joyería, se usa el oro y las piedras preciosas y semipreciosas. En menor medida, se utiliza la plata. Había poca representación de los objetos de bronce.

Se fabrican condecoraciones militares, collares, anillos-sello y, como gran novedad, el escarabajo del corazón, que se ponía en lugar de éste en el momento de la momificación.

El ajuar funerario de Tutankhamon, encontrado casi intacto en 1922 por Carter, supone un importante ejemplo de las artes menores en este período.





 

 

jueves, 16 de septiembre de 2021

HENRY SALT, EL DESCRIPTOR DE VIAJES

Henry Salt, viajero, aventurero, escritor, coleccionista, artista, excavador... egiptólogo. Una vida apasionante.

viernes, 10 de septiembre de 2021

ARTES MENORES EN EL PRIMER PERÍODO INTERMEDIO Y REINO MEDIO

El Reino Medio se caracteriza por la riqueza de sus artes menores, tales como joyería o fayenzas.

Respecto a la joyería, no se conserva nada de la XI dinastía, debido a los saqueos.

De la XII dinastía, se conservan, además de los clásicos pendientes, collares, diademas o tobilleras, otras joyas como pectorales o amuletos. La mayoría de joyas están elaboradas para reinas y princesas

Otros objetos de lujo hallados fueron espejos, recipientes cosméticos, cajas, cuchillos, etc.

Como nuevas formas de amuletos, surge el escarabajo como representación de la vida eterna, decorado con inscripciones.

Aparecen los amuletos tubulares, pequeños y de oro, decorados que, posiblemente, servían de colgantes. Amuletos en forma de pez que representaban la resurrección.

Respecto a los pectorales, eran utilizados solo por las mujeres y los símbolos con que se decoraban, hacían referencia a la monarquía.

Las fayenzas, de color azul verdoso, son muy abundantes en este período. Podían ser vidriadas, o sin vidriar (fritos). Destacan figuritas de mujeres desnudas, enjoyadas y tatuadas, y los hipopótamos con el cuerpo pintado



Cinturón ceremonial de fayenza del Reino Medio. Museo Egipcio de Barcelona (España)
 

 

viernes, 3 de septiembre de 2021

ARTES MENORES EN EL DINÁSTICO TEMPRANO Y REINO ANTIGUO

 En el predinástico, la cerámica había tenido gran auge. Es un arte muy importante, aunque se le llame arte menor, ya que tiene numerosos usos, tanto cotidianos, como de decoración o usos funerarios.

En el Reino Antiguo La cerámica es mucho más fina que en el período anterior, aunque sin decoración. Su principal finalidad era el uso cotidiano.



Aparecen piezas de cerámica vidriada o con técnicas de engobe. Uno de los usos de esta cerámica vidriada, fue la realización de placas para decorar tumbas, como las que recubrían la cámara de la pirámide de Sakkara, o la fabricación de collares y amuletos.

Respecto a la piedra, se fue tratando cada vez con más perfección, pasando de bastos vasos de piedra al trabajo del alabastro, de acabado fino y perfecto. También se usó la piedra para figurillas de juegos y otros objetos.

El alabastro se trabajaba con utensilios de cobre, y se pulía con pasta de arena de sílice, hasta que quedaba completamente liso.

En el caso de los metales, al principio sólo conocía el cobre, con el que se fabricaban objetos muy diversos, entre ellos, armas. El oro era abundante en Egipto, y fue utilizado como patrón de peso. También se utilizó en finas láminas como recubrimiento de los muebles de madera. La plata debía ser importada.

La madera, importada del Líbano, se utilizaba para la fabricación de muebles de lujo, así como en la construcción de barcos. En las tumbas hay información (en forma de pinturas o bajorrelieves) sobre el mobiliario utilizado: sillas, camas, mesas, escabeles, con diseños sencillos y, muchos de ellos acabados en patas de animales

Las joyas eran muy finas, de oro y piedras semipreciosas, utilizado formas animales y vegetales, Uno de los ejemplos más significativos del Imperio Antiguo, donde se han encontrado elementos de artes menores es la Tumba de Hetepheres, la madre de Keops. En ella se encontraron numerosos muebles laminados en oro y joyas, incrustadas de piedras semipreciosas.

martes, 24 de agosto de 2021

REVOLUCIÓN RELIGIOSA DE AKHENATON

Os dejo un vídeo donde os hablo de la Revolución religiosa de Akhenaton, en la llamada época de Amarna, en la que el único culto permitido era al Dios Atón. #Amarna #Akhenaton #Atón.

miércoles, 18 de agosto de 2021

RELIGIOSIDAD EN EL ANTIGUO EGIPTO


 

RELIGIOSIDAD

 

            Heródoto escribió que los egipcios eran “los más religiosos de los hombres”, y en efecto, la religión estaba presente en todos sus actos y en todos sus pensamientos. Pero la cosa más asombrosa es que estos hombres y estas mujeres del Antiguo Egipto pudieron llegar a tener esta fama aun estando completamente marginados de las ceremonias y de los ritos más importantes y estar por completo privados de la asistencia espiritual del clero.

            La participación del pueblo en los actos de culto estaba restringida a las fases públicas de las procesiones y de los funerales solemnes. Los fieles acudían en multitud a las grandes fiestas religiosas que se celebraban en los santuarios, pero, en general, su papel era siempre el de simples espectadores.

            Solamente la gran explanada situada frente a los pilares del templo era accesible a todos; los que tenían algún título especial podían acceder al gran patio, después de haberse purificado según las prescripciones. Más allá del patio, la admisión era un raro privilegio, que se iba haciendo más estricto conforme se avanzaba hacia el interior, hasta el lugar en que se encontraba la imagen del dios, donde solamente podía entrar el rey o el oficiante que lo representaba.

            El culto popular se desarrollaba en las pequeñas capillas familiares, o delante de la tumba de los parientes muertos; pero esto bastaba al hombre para sentirse cercano a los dioses y para conformar toda su existencia a aquellas reglas morales que ningún libro sagrado prescribía, pero que todos conocían a través de los tratados sapienciales, en los cuales la imagen de Dios y la ética universal son el fruto de una visión personal que en vano se buscaría en los escritos teológicos.

            En los textos sapienciales, dados a conocer a todos a través de una larga tradición oral, se expresaban el íntimo fervor egipcio y aquellas reglas de comportamiento que merecían ser apreciadas mayormente en su simplicidad, precisamente porque habían nacido fuera de las leyes canónicas; en aquellos escritos, los grandes dioses de Egipto aparecían menos distantes y parecían accesibles a un contacto más humano y directo.

            La devoción popular se dirigía también a divinidades menos altas y solemnes, a aquellos dioses más fácilmente accesibles a los cuales se lograba acceder sin formalidades demasiado complejas y que se podían invocar con expresiones del lenguaje común. Más sencillas, y alejadas de la solemne cadencia ceremonial de los himnos y de las plegarias oficiales; pero también los grandes dioses eran venerados con la misma amorosa confianza.

            La religiosidad personal del hombre egipcio seguía, pues, una vía más íntima y sincera, accediendo a una precisa forma de relegación interior entre el hombre y la divinidad. Lo que más choca es que los dioses fuesen los mismos que los de la religión áulica, vistos, sin embargo, en su aspecto más cercano a las exigencias cotidianas de la gente, a la que se mantenía alejada de los grandiosos santuarios en los que las divinidades eran adoradas de manera oficial e invocadas en el curso de unos ritos complicados y solemnes. Esta religión, más sentida y recoleta, hacía por esto mismo más familiares a los grandes dioses que la compleja teología alejaba del hombre para acercarlos de forma ceremonial solamente al faraón, que era la emanación terrestre de la divinidad.

            En el antiguo Egipto, todas las ceremonias del culto eran teóricamente oficiadas por el soberano; cuando el país fue unificado, se concentró en una sola persona todo el cúmulo de cargas que antes pertenecía a los jefes de los diversos territorios y, por tanto, aun teniendo el título de celebrante, se encontró con que no podía ejercer por sí solo la suma de las cargas y la dirección de todos los actos de culto; así nació la casta del clero, encargada del culto divino en representación del rey y, por tanto, parte del personal de la administración. Con el tiempo, sin embargo, el personal de los templos más importantes aumentó, se acrecentó el poder del clero y esta casta de “funcionarios de la Corona” fue asumiendo autoridad y poder hasta estar, sino formalmente, prácticamente separada de la administración y de la Residencia.

 

El culto oficial. El clero.

 

            El templo egipcio era la casa del dios, y el culto cotidiano consistía en una serie de actos prestados a la divinidad. Este servicio diario era el mismo que los servidores rendían a su señor desde el momento del despertar por la mañana hasta aquel en que se acostaba: no era otra la tarea de los sacerdotes.

            Pero el señor al que se servía era infinitamente más exigente que los ricos propietarios o que los altos funcionarios, y hasta que el mismo faraón, porque era un dios, y su presencia sobre la tierra era posible solamente a condición de que nada contaminase su esencia divina. Se requería el aislamiento más completo a fin de que ninguna mirada profana pudiese posarse sobre la estatua viviente; la pureza del templo debía ser desarrollado con el máximo de rigor y con absoluta puntualidad.

            El oficio matinal era el más complejo y solemne: los portadores de la ofrendas llevaban las bandejas llenas de carne, pan y fruta, ánforas de cerveza y de vino, y disponían su carga sobre la mesa dispuesta en la sala del altar. Los sacerdotes de grado más elevado purificaban los alimentos con aspersiones y  fumigaciones de incienso, mientras pronunciaban las fórmulas de la consagración; finalmente, el Gran Sacerdote rompía el sello que, desde la noche anterior, cerraba la puerta de la celda y separaba los batientes pronunciando la invocación de ritual: “Despiértate en paz, gran Dios; despiértate, y la paz sea contigo”, y a continuación enumeraba los cuarenta y cinco órganos divinos que tomaban vida en el momento en que eran nombrados: “...Tus ojos iluminando la noche, tus cejas se levantan en toda su belleza... Tú esparces sobre la tierra tu polvo de oro”. Cuando el sol surgía en el horizonte, el sacerdote abría la puerta del gran tabernáculo y el dios aparecía al nuevo día, mientras el oficiante, imponiendo las manos sobre la estatua en un simbólico abrazo, le “rendía el alma” recitando la fórmula de la universalidad divina: “Adoro a Tu Majestad con las plegarias prescritas, con las palabras que acrecientan tu poderío... en las sagradas manifestaciones con las que te has revelado desde el nacimiento del mundo”.

            Terminada la simbólica comida de la mañana, la estatua del dios era elevada, purificada, revestida con la ofrenda de las nueve estolas y, finalmente, untada con aceite perfumado.

            Después del ofrecimiento de granos de natrón, de sal mineral y de resma, la estatua volvía a ser encerrada en el tabernáculo, cuyas puertas eran nuevamente selladas, así como también se ponían nueve sellos en los batientes de la puerta de la celda que permanecía cerrada hasta la mañana siguiente, cuando tendría lugar, con el mismo inmutable ritual, la ceremonia del despertar divino.

            A mediodía, cuando el sol estaba alto, en el cenit, se celebraba un nuevo servicio, pero no directamente al dios titular; eran las estatuas de los otros dioses, huéspedes del templo, o la del faraón, las que eran rociadas con agua lustral e incensadas.

            Tampoco el servicio vespertino tenía el complejo ritual que tenía el matutino: el oficio se celebraba en las capillas laterales, donde eran ofrecidos de nuevo alimentos y bebidas; pero las puertas de la celda y del tabernáculo, selladas después de las funciones de la mañana, no se volverían a abrir hasta la mañana siguiente.

            Diariamente, alimentos y bebidas eran servidas al dios, y las del día anterior eran retiradas a fin de que, después de haber saciado simbólicamente también a las estatuas de las otras divinidades presentes en el templo, pudieran ser consumidas por los sacerdotes, que vivían de tales ofrendas, como privilegiados por el soberano, que los había dotado también con las rentas alimenticias del templo.

            De estas ceremonias que acontecían en la parte más recóndita del santuario, en presencia de unos pocos sacerdotes o, en determinados casos especiales, del faraón y de sus más íntimos, nosotros sabemos hoy mucho más de cuanto sabían los habitantes del antiguo Egipto. El pueblo no sabía nada de lo que sucedía en el interior del templo, no estaba al corriente de las diferentes fases de las ceremonias y quizá ni siquiera sabía a qué horas se desarrollaban los ritos.

            La multitud de los fieles podía, sin embargo, asistir al oficio solemne que, cada cuatro o cinco días, se celebraba fuera del santuario, cuando la estatua, encerrada en su tabernáculo, que era puesto en la barca sagrada, llevada a hombros por sacerdotes, recorría en procesión las calles de la ciudad o de la aldea. 

            Precedido por un incensador y seguido por el clero del templo, el tabernáculo seguía un itinerario preestablecido, deteniéndose en los lugares donde estaban señaladas las estaciones de descanso, en ellas, la barca era apoyada sobre un pedestal, mientras los sacerdotes cumplían con los ritos y los oficios prescritos.

 

            Las acciones del clero egipcio estaban, como se ve, totalmente basadas en el culto a los dioses; más allá de estas competencias, los sacerdotes eran ciudadanos normales, si bien de una casta particular. En su condición de servidores de un dios, estaban obligados a ciertas formas de purificación y a determinadas abstinencias; tenían deberes específicos y obedecían algunas prohibiciones; pero, en general, como se verá, muchos sacerdotes tenían también cargos eminentemente civiles.

            La irreductible carencia de aptitud para el pensamiento abstracto, típica, como se ha dicho, de la antigua civilización de Egipto, provocó un vuelco del concepto fundamental del sacerdocio.

            Una religión basada sobre el culto en vez de sobre el dogma, no tenía necesidad de ministros que iluminasen las creencias en las mentes de las personas; el sacerdote egipcio era un funcionario dedicado exclusivamente al servicio del dios, sin ninguna obligación de llevar a cabo misiones de proselitismo o cura de almas.

            Del caos primordial, los dioses habían extraído el orden cósmico, el ritmo de los grandes fenómenos celestes, de las estaciones, de los días y las noches; toda la armonía del mundo creado estaba representada para los egipcios por la diosa Maat, que regulaba también el orden terrestre, la verdad y la justicia, la armonía y el equilibrio.

            El control de todos los elementos del mundo celeste y del mundo terrestre, que con su armónica alternancia garantizaban a lo creado contra todo peligro de ruina y contra el disgregamiento del orden, era transferido al faraón. Este cargo constituía una reminiscencia ancestral de los tiempos prehistóricos, cuando el jefe del clan reunía en sí la fuerza vital de los súbditos y era el intérprete de la voluntad del dios, el emisario de su potencia mágica, el responsable de la existencia de los hombres de la tribu, dotado de poderes sobre las fuerzas naturales por intervención divina.

            El faraón de los tiempos históricos mantenía el orden universal asegurando el curso divino y dictando leyes para los hombres. Todos los actos del culto eran teóricamente realizados por el rey: en los relieves de los templos, en las pinturas, en las estelas, es solamente el rey el que lleva a cabo los actos del culto. Los sacerdotes egipcios tenían encomendada únicamente la misión delegada de mantener la integridad de la presencia de los dioses sobre la tierra, en los templos donde estos habían puesto su morada.

            La religión popular no tenía nada que ver con ellos, los sacerdotes no tenían relaciones de ningún tipo con la gente común.

            Su condición era el de los servidores de la divinidad, que cumplían impersonalmente los actos del culto y los ritos de los que únicamente el soberano era el oficiante legítimo. Del mismo modo, el Gran Sacerdote no era más que “el primer servidor del dios”.

            Otra importante característica de la religión egipcia era la falta absoluta de relaciones entre los distintos colegios sacerdotales; no existían órganos centrales de coordinación. Solamente a partir del Imperio Nuevo fue nombrado por el rey un “Jefe de los Profetas del Alto y del Bajo Egipto”. Tal cargo fue confiado al Primer Profeta de Amón de Karnak, que de esta forma vino a encontrarse en la posición de Gran Sacerdote, con jurisdicción sobre todos los santuarios del país. Pero la oposición de los colegios sacerdotales de los templos más importantes, celosos de sus prerrogativas y orgullosos de sus antiquísimas tradiciones, hizo que tal cargo terminara siendo enteramente ineficaz. Muchos soberanos previsores, adivinando que la duración de su reinado sería larga, abolieron este por las muchas interferencias que su ejercicio comportaba. Por lo que sabemos, la religión no tuvo jamás un preboste con jurisdicción en todo el territorio de Egipto.

            Las categorías más comunes de sacerdotes, los “purificados”, “... se lavan dos veces al día con agua fría, y dos veces durante la noche” (Heródoto, II, 37). Debían, además, rasurarse todo el cuerpo, “... a fin de que ningún piojo ni ninguna otra inmundicia esté sobre su cuerpo mientras rinden culto a los dioses”; los sacerdotes, además, eran circuncidados.   

            Los autores griegos nos informan de que los sacerdotes no podían comer determinadas partes de los animales debían evitar la carne de vaca, de cerdo, de pécora, de paloma y de pelícano; abstenerse, además, de comer pescado, legumbre y ajo; beber poquísimo vino y evitar las sal. La abstinencia sexual era obligatoria durante el periodo de servicio en el templo, pero no estaba escrito el celibato, aunque, por lo que se puede deducir de ciertas fuentes indirectas, parece que no era permitida más de una mujer.

            El hábito sacerdotal tenía que ser de lino y las sandalias de fibra de palma. Estaban prohibidos los vestidos de lana y las sandalias de cuero. 

            No existen documentos que nos iluminen sobre la preparación al sacerdocio, pero,  dada la elaborada jerarquía que se daba dentro de la casta, es probable que al menos los grados más elevados tuviesen una seria preparación de carácter teológico y litúrgico.

            Aunque el cumplimiento de los deberes conexos a la posición sacerdotal fuese relativamente sencillo, el acceso a los rangos del clero era más bien complicado. Teniendo beneficios notables, el número de solicitudes para formar parte del clero era muy elevado. Generalmente se llegaba al sacerdocio por herencia o por adquisición del cargo; rara vez por elección. 

            En un país como Egipto, en el que la consecución de una renta ponía al resguardo de toda preocupación, un empleo en el templo era tan ambicionado que desde el Antiguo Imperio se dieron casos de transmisión testamentaria del cargo de sacerdote. Sobre todo en lo que se refiere a los grados más altos, era costumbre dejar en herencia al hijo la función sacerdotal, y, en la Época Baja, no son raros los casos en que alcanzan hasta quince generaciones de sacerdotes de una misma familia pertenecientes al clero del mismo templo. Aunque estaba generalizada, esta costumbre no fue jamás codificada, porque el derecho a nombrar a los sacerdotes era prerrogativa del soberano. Por lo general, la injerencia regia era muy rara y se verificaba solamente por razones políticas, cuando se trataba de nombrar al jefe de un colegio sacerdotal o de poner al frente de determinadas funciones importantes a alguna persona de la confianza del rey.

            Se recurría a la elección del personal encargado del servicio de la divinidad cuando se hacía necesario ocupar puestos vacantes; un restringido comité de sacerdotes decidía entonces a quién se confiaba el cargo.

            Otra manera de acceder al sacerdocio era, al menos a partir del Imperio Medio, la adquisición del derecho al cargo y a las rentas conexas; este uso se hizo frecuente en la Época Baja, por lo que se refiere a algunos de los grados inferiores y a las tareas auxiliares.

             El personal adscrito al templo pertenecía a diferentes clases sacerdotales que no nos resulta fácil de definir con precisión a causa de la intercambialidad de las funciones y del periodo limitado de servicio a los que cada uno era llamado a hacer su servicio.

            El Primer Profeta era el jefe efectivo del colegio sacerdotal de un dios; este título era, por otra parte, específico del jefe del clero tebano de Amón. El cargo está atestiguado desde la Duodécima dinastía, pero no directamente; de hecho, se tiene noticia de la existencia, en aquella época, de un Segundo Profeta de Amón. El caso del colegio sacerdotal de Tebas es citado muy a menudo, porque constituye el ejemplo más llamativo de lo nocivo que resultó para la monarquía el poder temporal de los templos egipcios.

            Por la naturaleza de sus funciones, el “Primer Profeta de Amón habría debido tener una influencia de carácter exclusivamente religioso en el ámbito del templo del dios de Tebas, pero, de hecho, alcanzó a tener un enorme peso político a partir de la Decimoctava dinastía. Aquellos soberanos, efectivamente, dieron principio al enriquecimiento, más allá de toda medida, de la “Casa de Amón”, mediante donaciones de tierras y materias primas que constituían la asignación de bienes que la casa reinante hacía al dios, entregándole directamente parte de los tributos anuales de las colonias y de las posesiones asiáticas. Cada soberano tomaba como un deber hacer construir nuevos edificios sagrados en el recinto de Karnak y acrecentar las riquezas del dios con benéficos de todo género.

            Formaba parte del personal al servicio del dios, además del Gran Sacerdote, jefe reconocido de un determinado colegio, los especialistas encargados de la vestimenta de la divinidad, los escribas de la “Casa de la Vida”, los escribas del libro divino, los sacerdotes dedicados a la definición de los días fastos y nefastos, músicos y cantores varones y hembras. Muchos desocupados se arrimaban al templo y, a cambio de su escaso patrimonio, obtenían permiso para poder desarrollar cualquier tarea de poca monta retribuida en el ámbito de las actividades subsidiarias.

            Los especialistas y los componentes de las clases inferiores del clero se encontraban a veces con que estaban menos indisolublemente ligados a la vida del templo, aunque en realidad toda su existencia dependía directa o indirectamente del lugar sagrado; en efecto, también las demás actividades que podían desempeñar en la ciudad estaban ligadas a la posición, más o menos elevada, que ocupaban en el servicio del dios. El personal auxiliar, y los mismos sacerdotes que, como se ha visto, eran llamados a trabajar solo durante unos pocos meses al año, ejercitaban la magia, el exorcismo y, a veces, la medicina cuando se encontraban libres de sus tareas. Los templos egipcios constituían también un complejo económico, administrativo y cultural de grandes intereses. De forma semejante a los monasterios medievales de la baja Edad Media, ellos centraban la suma del saber y de la ciencia de su época.

            Si no se puede poner en duda que el hombre egipcio fuese verdaderamente el hombre “más religioso del mundo”, si se puede plantear si el clero que tan poco tenía que ver con tal religiosidad, era verdaderamente como lo describen las fórmulas laudatorias de los textos: “... Un hombre discreto sobre aquello que veía; un sabio, hábil en el desempeño de su profesión, amado por sus conciudadanos; un hombre cuya presencia era notada, verdaderamente estimado en su ciudad, alabado por sus hermanos”.

            Tenemos que pensar que en la mayoría de los casos los sacerdotes egipcios tenían derecho a la estima y al respeto, pero nos han llegado muchos documentos que arrojan multitud de sombras sobre esta figura que la tradición nos ha hecho siempre entrever bajo un perfil austero y distanciado de las cosas de este mundo. 

            Como ya hemos dicho, el sacerdote egipcio tenía la función de servir al dios del templo al cual estaba adscrito; no tenía competencias de carácter espiritual ni de proselitismo; las más altas jerarquías elaboraban complejas teologías, pero su distanciamiento del pueblo era total. 

            Los templos del antiguo Egipto eran riquísimos, provistos de grandes beneficios por los soberanos que se sucedían en el trono, así como de rentas y propiedades de todo tipo, que, por otra parte, estaban a menudo exentas de cualquier impuesto; la administración de estas propiedades era muy precisa y dependía de los funcionarios del templo, bastante hábiles en tal menester. Algunas crónicas que han llegado hasta nosotros hacen pensar; sin embargo, que en Egipto los sacerdotes eran comunes mortales, con apetitos y tentaciones humanas.

            Durante los reinados de Ramsés IV y Ramsés V, en un periodo oscuro de la historia egipcia por causa de la debilidad y la incapacidad de los faraones, que solamente por el nombre recordaban a los grandes Ramsés II y Ramsés III, en el templo de Khnum, en Elefantina, tuvieron lugar sucesos dramáticos, de los que nos suministran noticias actas judiciales coetáneas; sucesos que implicaron a la casi totalidad de los sacerdotes de aquel colegio sacerdotal.

            Un cierto sacerdote llamado Penanuqi y un barquero poco escrupuloso decidieron enriquecerse a expensas del templo, y corrompiendo a sacerdotes y autoridades civiles, consiguieron apoderarse de los animales sagrados para venderlos. Penanuqi se apropió después de un precioso amuleto, de un cofre de joyas y desvalijó  el almacén de los tejidos. Los sacerdotes que se oponían a estas fechorías eran maltratados, cegados o mutilados; los más tibios, terminaron participando en el saqueo de los bienes del templo y del tesoro de la diosa Anukis. El escriba encargado de la administración fue sobornado mediante grandes regalos y la expoliación continuó hasta que el escándalo se hizo general. Siguió un proceso cuyos resultados no se conocen, pero algunas inscripciones ligeramente posteriores hacen suponer que algunos de los principales implicados no tuvieron el menor tropiezo en su carrera por lo que había sucedido.

            El caso de Peteisis, que bajo Psamético I, escribió la crónica de una contienda que opuso a su familia al clero del templo de Amón en el-Hiba por espacio de más de un siglo y medio, es sintomático: el clero del templo, en más de una ocasión, injurió, humilló y sustrajo bienes y beneficios a la familia de Peteisis y hasta agredió y dio muerte a algunos de sus miembros.

            Es probable que muchos sacerdotes de pequeños santuarios locales, aislados en lejanas provincias, hubiesen abrazado el Estado sacerdotal para asegurarse rentas suficientes para llevar una vida modesta y que de hecho no estuviesen demasiado ligados a una religión que les exigía únicamente el cumplimiento de una serie de actos formales. Su vida transcurría monótonamente: el servicio que tenían que prestar al dios les ocupaba solamente una parte de la jornada. Debemos pensar; además, que la mayoría de los templos menores contaban solo con una decena de sacerdotes que, durante meses y años, no tenían otra cosa que hacer que llevar al dios las ofrendas de alimentos y bebidas, lavar; vestir y ungir la estatua mientras recitaban unas pocas fórmulas; y tampoco en el terreno espiritual tenían el menor motivo de elevación. Solo los grandes colegios, que contaban con centenares de sacerdotes, tenían mayores responsabilidades sobre el plano teológico y ritual; como todavía acaece hoy en día, las pequeñas comunidades estaban alejadas del mal, pero estaban igualmente alejadas del bien, y los sacerdotes de los pequeños templos provinciales, provistos de rentas apenas suficientes para vivir, si no eran precisamente como  Penanuqi, no parece que fueran tampoco tan santos como Petosiris. 

            En las inscripciones incisas sobre las jambas de las puertas del templo Edfú se leen algunos preceptos que, por el hecho mismo de haber sido formulados, indican que a menudo eran transgredidos: 

            “Vosotros todos, jueces, administradores del templo, intendentes que estáis en vuestro mes de servicio..., no os presentéis en estado de pecado. No digáis mentiras en su casa. No sustraigáis nada de las provisiones; no impongáis tasas (injustas), dañando de tal modo al débil y beneficiando a poderoso... No os dediquéis al saqueo... No tendáis la mano sobre nada dentro de su morada y no oséis robar delante de dios ni llevéis en el corazón ningún pensamiento sacrílego. Podéis vivir de las provisiones de los dioses, pero por provisiones se entiende aquello que queda en el altar después de que el dios se haya saciado” (Edfú, II, 36012-3625).

            “No sostengáis la falsedad contra la verdad invocando al dios... No dejéis pasar mucho tiempo sin invocarle a él, cuando estéis dispensados de presentarle las ofrendas... No frecuentéis el lugar de las mujeres; no hagáis aquello que no se debe hacer... No realicéis el servicio sagrado según vuestro capricho” (Edfú, III, 361-3624).

 

                                                                      Javier Rodríguez Vico

miércoles, 11 de agosto de 2021

MOMIFICACIÓN


 

Éste término se refiere al embalsamamiento de los cuerpos mediante el proceso denominado por los egipcios "ut".

En primer lugar, los sacerdotes lavaban y purificaban el cuerpo del difunto. El cerebro era extraído por la nariz con unos garfios, normalmente por el orificio izquierdo, aunque a veces se dejaba dentro de la cabeza, inyectándole una sustancia que lo licuara. Luego, el parasquita, que era el sacerdote que se encargaba de la parte quirúrgica, abría el abdomen por el lado izquierdo, para sacar los pulmones, el hígado, el estómago y los intestinos, a veces todos los órganos, menos el corazón y los riñones. Estos órganos eran depositados en vasos canopes para su conservación. Normalmente no extraían los ojos, pero éstos se desecaban y hundían, por lo que normalmente eran sustituídos por bolitas de vidrio u otro material semejante.

Luego, los taricotas, sacerdotes encargados de tal acción, lavaban el interior del cuerpo con vino de palma y otras sustancias.

A continuación, tanto los cadáveres como las vísceras, se sumergían en natrón (sal sódica) durante 40 días, hasta que quedaban secos. Tras ésto, el cadáver se volvía a lavar y purificar, se rellenaba con diversos materiales como piedra, serrin o vegetales secos, y se ungía con resinas aromáticas.

Las vísceras se untaban con resinas vegetales y se envolvían en cuatro paquetitos, para ser depositadas en los cuatro vasos canopes, cada uno de ellos representando a los cuatro hijos de Horus:

Amset, con cabeza humana, guardaba el estómago y los intestinos; Tuatmutef, con cabeza de chacal, los pulmones; Kebehsenuf, con cabeza de halcón, el hígado; y Hapi, con cabeza de mono, los órganos menores.


Tras ésto, el cadáver era vuelto a untar con una mezcla de ceras, natron, aceites y diversos conservantes.

El cadáver era envuelto por los coaquitas, sacerdotes encargados de recitar las oraciones, en cientos de metros de vendas de lino. Esta operación podia durar quince días, y al final, el cuerpo tenía más de veinte capas de protección. Entre dichas capas se colocaban amuletos mágicos para que protegieran al difunto.

Todas las operaciones anteriores ocupaban un período de tiempo de entre 70 y 90 días, tras los cuales, se depositaba la momia en el sarcófago.

La momia contenía preciosos amuletos que protegían al difunto en su viaje ultraterrenal; en la tumba hallaba el alimento necesario para su viaje, y en las paredes y papiros, encontraba instrucciones rituales y oraciones para superar el examen final, el Juicio de Osiris.

A continuación, se iniciaba una procesión hasta el Nilo, con los sacerdotes, familiares, plañideras y amigos del difunto, hasta llegar al lugar del enterramiento.

En este momento se practicaba una ceremonia denominada la "apertura de la boca", en la que el sacerdote golpeaba el rostro del muerto con un hacha por un lado y un cincel por el otro, devolviéndole la capacidad de hablar, comer y ver, es decir, vivir en un cuerpo nuevo. Este rito se acompañaba de oraciones y la quema de sustancias aromáticas. El sacerdoter Kher-heb, recitaba la siguiente oración mientras practicaba este rito:

Tu boca está cerrada, pero yo ordeno que se abra. Yo abro tu boca yo abro tus ojos

Yo he abierto tu boca con los utensilios de Anubis 

Yo he abierto tu boca con los utensilios de Anubis

Con los utensilios que se usan para abrir la boca a los dioses. 

! Horus ! abre tu boca. Horus ha abierto la boca del cadáver, como abrió antiguamente la boca de Osiris, con los mismos utensilios de Set, con los mismos que se abrieron las bocas de los dioses

Él, Horus ha abierto tu boca y podrás andar y hablar y tu cuerpo habitará conjuntamente con la Gran Compañía de Dioses en la gran casa de Annu, y allí recibirás la gran corona de Horus, el señor del genero humano

sábado, 7 de agosto de 2021

EL ARTE EN LA ÉPOCA DE AMARNA (ANTIGUO EGIPTO)


En este vídeo os cuento cómo eran las representaciones artísticas en la época de Amarna, en la que reinaron Akhenaton y Nefertiti.


miércoles, 4 de agosto de 2021

GRAN HIMNO A ATÓN




Alcemos nuestro corazón hacia Ra-Horajti,

Que se complace en la región de la Luz, Eternamente vivo.  El gran Atón Vivo, Que celebra la fiesta del sed,  El Señor de todo lo creado,  Señor del cielo, Señor de la tierra, Señor de la Morada de Atón en Ajtatón. 

Alcemos nuestra mirada Al rey del Alto y el Bajo Egipto, El que vive de Maat, El Señor de las Dos Tierras, Nefer-Ke-Peruré, El único de Ra, El hijo de Ra que vive de Maat, El dueño de las dos coronas, Ajnatón, Que sea larga su vida. 

¡Oh, Atón! Tú apareces en la perfección de tu belleza, En el horizonte del cielo, Disco Viviente, Creador de Vida. Sales en el horizonte de Oriente, Llenas cada región con tu perfección. Eres bello, grande, brillante, Elevado por encima de todo el Universo, Tus rayos rodean las regiones Hasta el límite de todo lo que creas. Tú eres el principio Solar, Tú eres Ra, Riges los países hasta los confines, Los sostienes para tu hijo, Al que amas.

Aunque estás lejos, Tus rayos tocan la tierra: Estás ante nuestros ojos, Pero tu camino celeste sigue siendo ignoto A los ojos de los hombres. 

Te pones en Occidente Y el Universo queda en tinieblas Semejante a la muerte. Los hombres duermen en sus lechos Con la cabeza bajo su manto, Pues nadie reconoce a su hermano. Ni siquiera se percatan Si sus bienes les son sustraídos De ante sus propios ojos. 

Los leones salen de sus guaridas Y los reptiles se tornan voraces. El mundo yace en el silencio, En la más profunda de las tinieblas, Cuando el Creador descansa tras el horizonte. 

Pero al amanecer Tú resplandeces, Disco Solar, y surge el día. Disipas las tinieblas, Difundes tus rayos. El Doble País está en fiesta, Los hombres se despiertan y se levantan. 

Con su cuerpo, ahora puro, se visten, Y sus brazos se extienden hacia ti, Adorándote. Los árboles y las hierbas reverdecen, Todos los animales que vuelan Viven cuando Tú sales. Las barcas izan sus velas. Tus rayos penetran en el corazón del mar. El Nilo es un don tuyo a los extranjeros, A todo animal del desierto, un don para la tierra amada, Aha-Ka-Ptah, La tierra amada de Egipto. 

Tú das la vida al hijo en el seno materno, Tú das la vida a toda criatura. ¡Cuán amplia es tu creación Y sin embargo nuestros ojos no la penetran! ¡Oh, Dios Único sin igual! Tú creas un Universo según tu Corazón-Conciencia Pese a que estabas solo, Pues eres el Único. 

Tú ordenas armoniosamente las estaciones, Desarrollas toda tu creación. Creas el cielo a lo lejos Y te alzas en él, Abarcas con tu mirada todo lo creado, Permaneces en tu Unidad. Sales en tu forma de Disco Viviente Que aparece y resplandece Que está lejos, pero también cerca. Creas eternamente Miles de formas a partir de ti mismo, Pero permaneces en tu Unidad. Ciudades, tierras, campos, caminos, ríos, Todo ojo te ve frente a sí. 

Tú eres el Disco que crea el día Por encima del Universo. Cuando sales Haces crecer todas las cosas para el rey. Pones en orden todo el Universo, Lo haces surgir para tu hijo, Nacido de tu Ser, 

El rey del Alto y el Bajo Egipto, Viviente en la Armonía Universal, El señor del Doble País, Hijo de Ra, El que vive de Maat, Dueño de las dos coronas, Ajnatón, Que sea larga su vida, Que su esposa amada, La gran reina del Doble País, Nefertiti, Viva y rejuvenezca. Que así sea para siempre, Eternamente.

sábado, 31 de julio de 2021

LAS CLASES SOCIALES EN EL ANTIGUO EGIPTO

¿Cuáles fueron las clases sociales en el Antiguo Egipto? Os lo explico en este vídeo de Egiptología TV

miércoles, 28 de julio de 2021

HIMNO A AMON RA (fragmento)


 


"Es el único creador de cuanto existe; el único curador de cuanto será. Los seres humanos proceden de sus ojos y los dioses son el fruto de su palabra.

El ha hecho los pastos que alimentan el ganado y las plantas nutritivas que alimentan a los hombres. Por él viven los peces en el río y viven los gansos y las aves del cielo.

El da alimento al que está en el huevo; por él viven los seres acuáticos y también los reptiles y los insectos que vuelan. Nutre a las ratas en sus agujeros y cuida a las aves que habitan los bosques.

Homenaje a ti, o curador de todos los seres, el único, cuyas manos son múltiples. El vela el sueño de aquellos que descansan y busca el bienestar de todas sus criaturas, dios, mantenedor de cuanto existe, señor de la verdad, padre de los dioses, creador de los hombres y de los animales.

Jefe de la gran asamblea de los dioses, el único, que no tiene segundo.

Rey, uno entre los dioses, tantos son sus nombres que ignórase cuántos son. El se alza por el oriente y se oculta por el occidente.

Los dioses se alegran, los navegantes de Ra están contentos. Gran Halcón, Hacedor del cuerpo; Rostro Hermoso, ghacedor del pecho. Imagen de la altiva corona de Mehen. Las dos diosas serpientes huyen ante él, los corazones de los seres de Paz van hacia él. El Egipto se regocija con sus apariciones. Homenaje a ti, Amón-Ra, señor del trono de Egipto, su ciudad Tebas, lo venera cuando aparece".

 

lunes, 26 de julio de 2021

miércoles, 21 de julio de 2021

HIMNO A PTAH




 Los dioses que se manifestaron como Ptah 

Ptah sobre el Gran Trono... 
Ptah-Num, el padre que engendró a Atum... 
Ptah-Nunet, la madre que dio a luz a Atum... 
Ptah el Grande, que es el corazón y la lengua de la Enéada... 
(Aquél que ) se manifestó como el corazón, 
(aquél que ) se manifestó como la lengua, con la apariencia de Atum, 
(aquél) es Ptah el muy grande, quien dio la vida [a todos los dioses] 
así como a sus genios (ka ), gracias a este corazón del que Horus es la emanación, 
gracias a esta lengua de la que Thot es la emanación, 
(nacidos ambos?) de Ptah . 
Y ocurrió que el corazón y la lengua predominaron sobre todos los miembros del cuerpo, 
puesto que él ( Ptah) está en el cuerpo, 
y que él ( Ptah) está en la boca de todos los dioses, 
de todos los hombres, de todos los animales, de todos los reptiles, 
de todos los ( seres) vivientes, pensando y decretando todo lo que desea. 
Su Enéada está ante él, como dientes y labios, o sea, el semen y las manos de Atum. 
Porque la Enéada de Atum vino a la existencia gracias a su semen y a sus dedos.
Pero la Enéada es, en realidad, los dientes y los labios de esta boca 
que pronunció el nombre de cada cosa, de la cual han salido Shu y Tefnut, 
y que ha dado a luz a la Enéada. 

La visión de los ojos, el oir de los oídos, y el oler de la naríz, 
ellos informan al corazón . El es quien hace surgir todo conocimiento, 
y la lengua anuncia lo que el corazón piensa. 
Así nacieron todas las cosas y su Enéada fue completada. 


En verdad, cada palabra divina se realizó conformemente a lo que el corazón pensó
y a lo que la lengua ordenó. Así fueron creados 
los espíritus machos y promovidos los espíritus hembras, autores de 
todo alimento y toda subsistencia, por medio de esta palabra 
(dedicada?) a aquel que hace lo que le place y a aquel que hace lo 
que se aborrece . Así se dio vida al pacífico, y muerte al turbulento. 

Así fueron creados cada labor y cada oficio, la actividad de las 
manos, el movimiento de las piernas, la función de cada miembro, 
de acuerdo con el designio que pensó el corazón y que expresó la 
lengua, lo que se realizó enteramente . 

Por ello se dice de Ptah " Aquel que hizo todo y que hizo 
existir a los dioses". El es Ta-Tenen ("la tierra que surge" del abismo 
primordial), él es quien dio nacimiento a los dioses, aquel de quien 
todas las cosas han surgido : los alimentos, las subsistencias, las 
ofrendas divinas, todas las cosas buenas . Por ello se reconoce y 
comprende que su poder es más grande que el de los (otros) dioses . 

Y así Ptah se sintió satisfecho, luego que hubo hecho todas las 
cosas y todas las palabras divinas . 

El dio nacimiento a los dioses, él fundó las ciudades, él 
estableció los nomos, él instaló a los dioses en sus santuarios, 
él organizó sus ofrendas, él fundó sus santuarios, él fabricó sus 
cuerpos, según sus deseos. y los dioses penetraron en sus cuerpos, 
( elaborados con ) toda especie de plantas, toda clase de piedras, toda 
clase de barro, y con todas las materias que crecen en él, en 
las cuales se encarnan . Así, todos los dioses se unieron a él, lo mismo 
que sus espíritus ( su ka), satisfechos y reunidos en el Señor del 
Doble-País . 

miércoles, 14 de julio de 2021

HIMNO A OSIRIS




Adoración a Osiris por el supervisor del ganado [de Amón, Amen], y la señora de la casa Nefertari. Él dice:

¡Salve Osiris!
Señor de la eternidad, rey de dioses,
De múltiples nombres y sagradas manifestaciones,
De secreta figura en los templos.
Noble de Ka que preside en Dyedu 
De generoso sustento en Sejem, 
Señor de la alabanza en Adyeti. 
El primero en las ofrendas de On. 
Señor del recuerdo en la Sala de las Dos Verdades, 
Secreto Ba del señor de la caverna.
Sagrado en el Muro Blanco. 
Ba de Ra, su cuerpo.
Que reposa en Neni-Nesu, 
Que es venerado en el árbol naret, 
que creció para llevar su Ba. 
Señor del palacio en Jmun, 
Grandemente reverenciado en Shashetep, 
Señor de la eternidad que preside en Abidos, 
Que habita en la necrópolis.
Cuyo nombre perdura en las bocas de las gentes, 

El más anciano de las Dos Tierras,
Sustento ante la Enéada,
Poderoso espíritu entre los espíritus,
a quien Nun ha dado sus aguas.
El viento del norte sopla hacia el sur por él,
El cielo produce el viento para su nariz, 
para que éste su corazón quede satisfecho.
Las plantas brotan según su deseo,
Los campos hacen crecer su alimento por él,
El cielo y sus estrellas le obedecen,
Las grandes puertas se abren para él.
Señor de alabanzas en el cielo meridional,
Adorado en el cielo septentrional,
Las estrellas Imperecederas están bajo su gobierno,
Las estrellas Infatigables son su morada.
Se le entrega la ofrenda según la orden de Geb,
La Enéada le venera,
Los de la Duat besan el suelo,
Los que habitan la necrópolis se inclinan, 
Los antepasados se regocijan al verle,
Y los que están más allá le temen.

Las Dos Tierras reunidas le adoran,
Cuando su Majestad se aproxima.
El más poderoso noble entre todos los nobles,
De función duradera y firme gobierno.
El buen lider de la Enéada,
Bondadoso de amable mirada.
Que inspira temor a todas las tierras,
Para que su nombre sea el primero,
y que todas le hagan ofrendas.
Señor del recuerdo en el cielo y la tierra,
Rico en alabanzas en el festival Uag.
Aclamado al unísono por las Dos Tierras.
El primero de sus hermanos,
El primogénito de la Enéada,
Que estableció a Maat a lo largo de las Dos Orillas,
Y puso al hijo en el trono de su padre.
Loado por su padre Geb,
Amado de su madre Nut.
Poderoso cuando derriba al rebelde,
De brazo fuerte cuando mata a su adversario,
que atemoriza a su enemigo,
que derrota a los conspiradores del mal,
cuyo corazón se mantiene firme cuando pisotea a los rebeldes, 
El heredero de Geb en el reinado de las Dos Tierras.

Viendo su valor le concedió
Dirigir las tierras a buen destino.
Situó esta tierra en su mano,
Su Agua, su viento,
Sus plantas y todo su ganado,
Todo lo que vuela, todo lo que se posa,
Sus reptiles y su caza del desierto,
Le han sido concedidos al hijo de Nut,
Y las Dos Tierras están satisfechas con él.
Mostrándose en el trono de su padre,
Como Ra cuando se eleva en el horizonte,
Da luz a la oscuridad,
Ilumina la sombra con sus plumas, 
Inunda las Dos Tierras como Atón al alba,
Su corona penetra en el cielo y se confunde con las estrellas,
Es el guía de todos los dioses,
De mandato eficaz,
alabado por la Gran Enéada,
amado por la Pequeña Enéada.

Su hermana es su protección,
la que expulsa a los enemigos,
la que reprime las acciones de los que alteran,
por medio del poder de su palabra,
La de lengua hábil, cuyas palabras no se equivocan,
De eficaz Mandato,
Poderosa Isis, protectora de su hermano,
Que le buscó sin fatiga,
que vagó por la tierra lamentándose,
no cesando hasta que lo encontró.
Hizo una sombra con su plumaje,
produjo el aliento con sus alas,
Y exultante de alegría se unió a su hermano.
Alejó la fatiga de aquel de corazón cansado,
recibió la semilla y concibió al heredero. 
Crió al niño en soledad,
sin que su morada fuera conocida. 
Lo presentó, una vez que su brazo se hizo fuerte,
a la Gran Sala de Geb.

La Enéada estaba exultante:
‘¡Bienvenido, Hijo de Osiris,
Horus, de corazón firme, justificado,
Hijo de Isis, heredero de Osiris!’
El Tribunal de Maat se reunió por él.
La Enéada, el Señor del Todo,
y los Señores de Maat, unidos en ella,
que evitaron la maldad,
Sentados en la sala de Geb,
para entregar el cargo a su señor,
el reinado a su legítimo propietario.
Horus fue hallado justificado,
Le fue asignado el rango de su padre,
Salió coronado por orden de Geb,
y recibió el gobierno de las Dos Orillas.

La corona blanca firmemente establecida sobre su cabeza,
adscrita la tierra a sus posesiones,
el cielo y la tierra están bajo su dominio,
La Humanidad se le ha confiado,
El pueblo llano, los nobles y el pueblo solar,
Egipto y las Hau-Nebu.
Lo que Atón rodea se encuentra bajo su cuidado,
El viento del norte, el río, la inundación,
El árbol de la vida y todas las plantas.
Nepri da todas sus hierbas.
La Generosidad de los campos trae la saciedad,
y se la ofrece a todas las tierras.
Todo el mundo está exultante de alegría,
Los corazones estan contentos, los pechos alegres
y todas las gentes se regocijan
Todos ensalzan su bondad:
¡Qué grato es su amor por nosotros!
Su benevolencia colma los corazones,
Y grande es el amor por él.

Han presentado a su adversario al hijo de Isis,
su ataque le venció,
El perturbador ha sido dañado.
Su destino ha dado alcance a aquel que cometió la ofensa.
El hijo de Isis que abanderaba a su padre,
Sagrado y espléndido es su nombre,
La Dignidad ha tomado su asiento,
La magnificencia se ha establecido según sus leyes,
Los caminos estan abiertos, las sendas están libres.
¡Cómo prosperan las Dos Orillas!
Se ha expulsado el mal y alejado el crimen,
La tierra está en paz bajo su señor,
Maat ha sido establecida para su señor,
Se vuelve la espalda a la mentira.
¡Qué puedas estar satisfecho, Un-nefer! 
El hijo de Isis ha recibido la corona,
La función de su padre le ha sido asignada
En la Sala de Geb.
Ra ha hablado y Thot lo ha registrado.
El consejo (de los dioses) ha asentido.
Tu padre Geb ha ordenado para ti,
y se ha actuado de acuerdo a su palabra.

Una ofrenda que el Rey concede (a) Osiris Jentyamentiu, señor de Abidos, para que él conceda una ofrenda de pan y cerveza, bueyes y aves, ungüentos, vestidos y toda clase de plantas, así como la creación de sus manifestaciones: ser fuerte como Hapy, avanzar como ba viviente, ver a Atón al alba, ir y venir a Rosetau,(25) sin que ningún ba sea excluido de la necrópolis.

¡Qué pueda estar satisfecho entre los favorecidos ante Un-nefer! recibiendo las ofrendas del altar del Gran Dios, respirando el grato viento del norte, bebiendo de las aguas del río, para el Ka del supervisor del ganado de [Amón], [Amen]mose, justificado, nacido de la señora Henut, justificada, y de su amada esposa, [la señora Nefertari, justificada].

miércoles, 7 de julio de 2021

HIMNO AL NILO

HIMNO AL NILO

 

 



¡Salud oh Nilo, a ti que murmurando, 

la tierra ciñes a tu amor rendida, 

y en paz te acercas sosegado y blendo 

a dar a Egipto bendición y vida!

 

¡Eres buen Dios y el valle refrigeras

donde Osiris los cármenes inflama

y tan copioso, que del sol pudieras

entre tus ondas apagar la llama!

 

¡Del cielo bajas por oculta vía

y al prado, hierba y flores renuevas,

donde el ganado innumero se cría,

que en tu corriente deliciosa abravas!

 

¡Eres Dios Seb, amigo de los panes,

del hombre suaves y sabrosos dones,

y dios Nepra, que colma los afanes

y es propicio a piadosas oblaciones!

 

¡Dios Ptah, todos los sitos iluminas

y rey de peces de brillante escama,

cuando cubres llanuras y colinas

huyendo el ave tu poder proclama!

 

Nutre él la tierra de fecundo grano

Y en rubia mies se adorna la llanura,

Y altares dando al bienestar humano,

Duración a los templos asegura.

 

Da reposo a las manos; si decrecen

Sus aguas, gimen cuantos de él esperan;

En el cielo los dioses se estremecen

En el suelo los hombres desesperan.

 

Toda la tierra ha abierto y dilatado,

Y, por sustento, da prados risueños

A la ágil cabra y tardo buey cansado,

Y reparan los grandes y pequeños.

 

Si se retarda, invócalo; aparece

Entonces como Khnum, creador del mundo,

Y la vida se esparce y se adormece,

Toda la tierra en bienestar profundo.

 

Pasa, y en pos en el Egipto deja

La semilla de espléndidos manjares,

Y retoña la vid tostada y vieja

Y florecen las palmas seculares.

 

Él, la ofrenda nos brinda generoso

Que lleva al sacrificio el pueblo inmenso;

Y es más puro, más grato y oloroso

Cuando él lo riega, el transparente incienso.

 

Ambas comarcas del Egipto inunda,

Y al dejar la llanura y el otero,

El rico fruto almacenado abunda 

Y de trigo feraz se hincha el granero.

 

Germina, y de los pobres es trofeo;

El cauce ensancha y en su curso crece,

Y aún cuando colma universal deseo,

No se agota jamás, ni se empobrece.

 

¿Cómo representarlo? ¡Qué estatuario

un dios tan gigantesco esculpiría

¿ y cómo alzarle un templo? ¿Qué santuario

tanta grandeza contener podría?

 

¡Ah! Su origen se ignora, o si se agita

con las arenas del desierto en guerra,

o si su inmenso corazón palpita

en las hondas entrañas de la tierra.

 

¡Oh Nilo! Por ti se han perpetuado

de tus hijos las mil generaciones;

en el sur eres siempre venerado,

en el norte recibes bendiciones.

 

¡Tú lágrimas embebes sin enojos

por el dolor del hombre, en ti vertidas,

y las devuelves luego ante sus ojos

en abundancia y bienes convertidas!