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jueves, 11 de noviembre de 2021

RELATOS A LA SOMBRA DE LA ACACIA: NEHESI

 Hoy os dejo una publicación muy especial. Es un Relato fantástico de mi amigo Sebet, que, aunque lo escribió hace algunos años, hoy ha querido compartirlo con todos. Os trasladará al Antiguo Egipto desde la primera línea....

Si vais a compartirlo, recordad que debéis poner la fuente y el autor, pues tiene Copyright. Sed felices!!!!!

 

Yo, Sen-en-Mut, por voluntad de nuestra Señora, la Reina de las Dos Tierras, quiero narrar los acontecimientos que tuvieron lugar en aquellos días, ya lejanos, cuando el mundo y los dioses nos sonreían.

 

Soledad.

Desde éste, mi retiro, que es todo el mundo que me queda, vuelvo atrás la mirada para recordar tantas cosas como sea capaz antes de que llegue mi hora y los dioses me llamen a su lado.

Vienen a mi memoria aquellos años felices vividos junto a mi Señora. Toda una vida dedicada a ella y a nuestra Neferu-Ra.

Alguna lágrima humedece mis mejillas.

¡Cuánto echo de menos su presencia, su cariño, su amistad y su alegría! Qué gran honor el haber contribuído a engrandecer su gloria llevando a cabo lo por ella encomendado.

Ansío descansar cerca de ella. Espero que mis fieles amigos puedan cumplir mi voluntad de ser enterrado en la tumba que excavé cerca de la suya. Sólo anhelo estar a su lado por toda la eternidad...

 

Pero no voy a escribir sobre mí, sino a contar un viaje. Un viaje que fué importante para la historia de mi país, para mi Reina y para Nehesi.

 

El ave de Thot pasa muy cerca de mí a orillas del río y se lleva mi mente consigo que se eleva huyendo del fango. La brisa me trae recuerdos de navegantes, de barcos, de expediciones, de aventuras... de mar. Con esfuerzo, mi mente vuelve a tierra, a la existencia de cada día, a la prisión de este cuerpo ajado y envejecido pero aún con ganas de vivir.

 

¡Ah, Nehesi! Mi compañero de estudios en la Casa de la Vida, mi amigo en todas las etapas de mi vida, mi hermano mayor….

 

Aún puedo recordar cuando nuestra Reina nos mandó organizar la expedición al País de Punt. Él fue propuesto jefe de la misma, y quiso que yo le acompañase.

¡Tuve el honor de ir con él!

 

Nehesi era un militar de carrera. De piel oscurecida por toda una vida al sol de los wadis y a la brisa marina. Era una persona afable y un profesional consciente de su responsabilidad, estimado por sus colegas y admirado por sus hombres.

Era activo y emprendedor. Siempre pronto a comenzar algo. Siempre dispuesto a descubrir, a emprender.

Curioso, valiente como pocos y muy impulsivo… 

 

Inmediatamente se convirtió en el alma de la misión.

Su experiencia como navegante era inmensa, como militar había comandado innumerables misiones tanto al Sur como a las fronteras del Este y del Oeste, donde eran numerosas las escaramuzas con las tribus y reinos locales.

 

Pero volvamos al viaje, no dejéis que mis divagaciones seniles os aparten de nuestro tema. Todo transcurrió de la manera que contaré:

 

En el año séptimo de su reinado, nuestra Señora nos llamó a Nehesi y mí a palacio. Quería hacernos partícipes de su política a seguir: Al contrario de la política de los reyes que la precedieron, basada principalmente en el poder militar, Ella estaba convencida de que una buena administración, alianzas con los países de nuestro entorno y el fomento del comercio serían una buena alternativa al puro sometimiento de la conquista.

 

Recuerdo que Nehesi era de esta manera de pensar (¡a pesar de su formación militar!). Se mostró de inmediato de acuerdo porque era consciente, como Ella, de que nuestro país no debería necesitar una permanente posición de fuerza para mantenerse en el entorno. Por ello animó a Su Majestad a planificar el envío de una expedición a la tierra de Punt, combinando comercio y política en una estrategia distinta a la habitual.

 

Posteriormente vino para comentar las alternativas que él veía sobre la expedición. Supongo que querría contrastar las posibilidades conmigo, alguien ajeno a estas estrategias.

Sabía de mis escasos conocimientos en materia militar y de mis casi nulos sobre barcos. 

 

Me puso en antecedentes explicándome que las rutas marítimas eran conocidas desde antiguo, pero por muy pocas personas pues solían ser secretas y de ámbito exclusivo del gremio de navegantes y por tanto fuera del conocimiento general.

 

Me dijo: - “ Como sabes, desde antiguo se establecieron rutas comerciales con los países más allá del Gran Mar incluyendo los países ribereños del mar Rojo. Incluso alguna vez nos hemos aventurado mucho más allá, hasta lo que llaman Persia, también hasta la India. El país de Punt forma parte de una antigua e importante ruta que va desde el mar Rojo, a través de los canales del Nilo y el Delta, al mar Mediterráneo, hasta la ciudad fenicia de Biblos.”

 

- Existe un antiguo relato donde un marino dice: "... habiendo partido con mis amos, los príncipes y jefes del tesoro, Teti y Khui, a Biblos y Punt, viajé por estos países once veces.“ - me dijo.

 

- Como puedes ver, este tipo de viajes no son nada nuevo.  Por otra parte -me confesó - creo que esta misión será de gran valor para mi carrera. Es decisivo que la lleve a buen término, con tu ayuda, claro. Es muy importante para Su Majestad.

 

- Ya tengo pensado cómo desarrollarla. Creo que la idea primordial es unir al fin real de la cuestión, que es crear una política de alianzas, una conveniente apariencia comercial que, además, nos resulte muy provechosa. Mientras, podremos recopilar valiosa información sobre política, tecnología, riqueza, conocimientos y cultura.

 

Me explicó que, teniendo en cuenta la duración y los posibles riesgos del viaje, había calculado sería necesaria una flota de por lo menos cinco naves grandes, de las de treinta remeros, con gran capacidad de carga y aptas para navegar por mar: 

Un tipo de embarcación que yo desconocía porque estaba habituado sólo a las del Nilo.

 

Como comprenderéis, no podía opinar en muchas cosas técnicas de las que Nehesi me hablaba, simplemente asentía y le ofrecía mi escaso consejo en lo que sabía o veía lógico.

Él tenía las ideas muy claras.

 

Muy pronto fuimos a dar cuenta a Su Majestad de lo que habíamos hablado.

 Ella nos escuchó en privado y decidió que era hora de discutir los detalles con los órganos competentes. Así pues, Nehesi convocó a los escribas de su Majestad y a los principales jefes de equipo.

Yo estuve presente.

 

Tras su exposición y después de algún intercambio de opiniones, básicamente todos estuvimos de acuerdo con su propuesta. De acuerdo con el plan, se pensó en encargar la construcción de los navíos a maestros carpinteros de Biblos, que eran los mejores en construcción de naves para mar abierto y luego de sopesar algunas alternativas, se acordó que el lugar de entrega sería la orilla del mar Rojo.

Para ello se enviaron correos y tras complejas negociaciones se convino la fecha de entrega en el lugar previsto. 

A continuación tocó decidir la mejor ruta hacia nuestro lugar de embarque.

Como conocía bien el tema, Nehesi propuso que tomásemos la antigua ruta de Henenu que cruzaba el desierto y terminaba en el mar Rojo, en el lugar donde embarcaríamos.

Y así se acordó.

 

La primera parte de la expedición, hasta los barcos, se haría por tierra llevando los pertrechos necesarios para el viaje a través del wadi Hammamat en una caravana de asnos.

El resto se haría navegando.

 

La operación estaba ya en marcha.

A las afueras de Koptos se ordenó montar el campamento para los preparativos. Éste sería el punto de partida.

 

Como podéis imaginar, por allí pululaba una gran cantidad de personas: soldados, marineros, mercaderes, caravaneros y artesanos de todo tipo. Toda una pequeña ciudad que bullía de actividad preparando la próxima expedición.

 

En la fecha fijada partimos en dirección Sureste, atravesando el desierto.

Ya en camino, Nehesi me llevó a unas canteras cercanas a la ruta, donde me mostró emocionado una inscripción en la piedra en memoria de la expedición de Henenu.

 

- Observa amigo, tiene más de 500 años -me dijo.

 

No sin cierta dificultad pude leer parcialmente la vieja inscripción tallada en la roca que decía:

 

“Salí de Koptos por el camino trazado. (...) Los exploradores abrían la marcha, los hijos del desierto formaban la retaguardia. Todos los escribas de Su Majestad estaban a mis órdenes(…) Salí con un ejército de tres mil hombres, transformé el camino en río, el país rojo en un prado. Di cada día un odre, un bastón, dos jarras de agua y veinte panes a cada hombre. (...) Hice doce pozos en el uadi, dos en Iaheteb, otro en el punto en que se unen las aguas (...) Alcancé el Gran Verde, hice el barco y lo equipé. (...) Llevé todos los productos que encontré en las dos orillas de Tonutir (...) Volví por Uag y Rohanw“

 

Pero prosigamos.

 

El sendero estaba bien marcado, Nehesi nos condujo con seguridad y pocos días después, sin problema alguno, alcanzamos la orilla del mar.  Nuestra gente celebró con muestras de alegría  su vista.

Por fin salíamos del desierto.

 

No muy lejos pudimos contemplar los espléndidos barcos que anclados se mecían en la playa.

 

Mientras el grupo descansaba y se refrescaba, Nehesi y yo fuimos al encuentro del grupo de personas que nos aguardaban.

Eran el marino responsable de su construcción y su equipo:

 

- ¡Salud!  Veo que habéis cumplido la palabra dada. Os presento a Sen-en- Mut, Gran Visir y amigo -dijo Nehesi, saludando a los que nos esperaban.

 

Tras las presentaciones y cortesías de rigor, nos acomodamos para comentar las peripecias y aventuras propias de amigos que llevan mucho tiempo sin verse. Luego, después de dar las órdenes pertinentes pasamos a inspeccionar las embarcaciones al tiempo que Nehesi saludaba al personal que los guardaba, muchos conocidos suyos a los que me presentó.

 

Como estaba previsto, se programaron unos días para hacernos con el manejo de las nuevas naves y, tras unos días de descanso, nos despedirnos de nuestros amigos que navegaron de vuelta a su hogar con los muchos regalos que les trajimos. Pronto, su esbelta nave se perdió en el horizonte.

 

Y así, una vez más nos pusimos manos a la obra acomodando pertrechos, estibando mercancías y alojando a las personas para la travesía.

 

Al día siguiente, con viento favorable, salimos a mar abierto.

 

Navegamos paralelos a la costa del Mar Rojo, hacia el Sur. 

Gracias a los vientos casi constantes que soplaban a favor, nuestro viaje no fue más largo. 

Aún así duró dos meses…

 

La vida a bordo era algo monótona pero entre la novedad, el buen tiempo, los especímenes que sacábamos del mar y la buena camaradería existente, apenas hubo incidencia alguna a no ser los accidentes propios en este tipo de singladuras.

 

Eso sí, el paisaje cambiaba poco:  Constantemente, a babor teníamos la inmensidad del mar.

 

El paisaje a estribor era de una homogeneidad pasmosa. Día tras día, veíamos lo mismo: infinitas playas de arena prácticamente deshabitadas.

 

Sólo desembarcábamos al atardecer para pasar la noche en tierra.

 

No llegamos a contactar con nadie.

 

La monotonía del paisaje sólo se veía alterada de cuando en cuando por alguna elevación de escasa altura, que se dejaba ver en la lejanía, que fueron haciéndose más frecuentes y más altas al ir avanzando hacia el sur. 

 

Durante la primera mitad del segundo mes de travesía pudimos ver a lo lejos una serie continuada de montañas.

 Algo más adelante atravesamos un grupo importante de islas. No habíamos encontrado ninguna hasta ahora. Eran islas pequeñas, a excepción de una mucho mayor, que dejamos a babor cuando atravesamos el estrecho que quedaba entre ella y la costa.

 

Tampoco vimos habitante alguno, no sé si porque no los había o simplemente porque se ocultaban de nosotros. Desde luego, no vimos ninguna edificación que los denunciase.

 

Tras dejar atrás el archipiélago, continuamos bordeando la costa, más parecida a la que habíamos traído todo el viaje, sólo que algo más abrupta y rocosa. Como novedad, a babor fue apareciendo otra línea de costa muy lejos que cada vez parecía estrechar más el mar por donde navegábamos.

 

Doblamos un cabo que dio paso a una extensa bahía. Ésta se prolongaba hacia la salida del sol.

El mar parecía extenderse hasta casi llenar el horizonte.

Delante de nosotros se extendía una línea de costa profunda, a resguardo del viento. Era muy llana con un dosel de montañas al fondo.

 

Y junto al mar vimos lo que parecía un poblado sobre el agua: Resultó ser un conjunto de chozas cónicas levantadas sobre pilotes en las se penetraba por medio de escalas.

Observamos que los habitantes eran gente de piel tostada, muchos tenían barba.

La tierra era fértil y rica.

Para entablar contacto con ellos, se organizó una embajada.

 

Fuimos escoltados por nuestros soldados y acompañados por los capitanes de los barcos hasta la presencia del jefe de la ciudad que nos recibió acompañado por su esposa, su hija y otros personajes principales. Tras el intercambio de obsequios y las necesarias presentaciones, pudimos comprobar cómo confraternizaban nuestros hombres con el pueblo que acudió a recibirnos... por sus expresiones pensé que los nativos no tendrían muy a menudo novedosas visitas de forasteros procedentes del mar.

 

Ofrecimos a las autoridades las mercancías que les habíamos traído. Ellos a su vez nos obsequiaron con diferentes tipos de maderas, jabalinas, animales exóticos salvajes, marfil, pieles, oro y electrum.

 

No olvido la mirra. Sabed que Punt es un país famoso por su mirra. Nos trajimos árboles, que  se transportaron en canastas, para su cultivo en casa. 

 

Tras estos primeros días de contacto, tuvimos una corta estancia para reponer fuerzas que se nos hizo muy larga por nuestras ganas de volver a casa.

Una vez cargados los barcos y bien aprovisionados de alimentos y de agua, fuimos Nehesi y yo a despedirnos de las autoridades que tan amablemente nos habían acogido.

 

Nehesi estaba contento, pensaba en la próxima vuelta, en su casa y en su porvenir por el objetivo principal cumplido. Además, ninguna expedición habría vuelto antes con semejantes riquezas.

Yo no podía estar más de acuerdo con él.

 

Añado que se recogieron numerosas especies de fauna y flora durante la expedición.

 

Y así emprendimos el camino de vuelta.

 

Entre los barcos tan cargados y los vientos variables que encontramos, la vuelta no se nos hizo tan favorable como cuando vinimos. Resultó más agotador pues hubo que usar los remos a menudo. Si no, abocados a esperar vientos favorables, sólo los dioses saben cuánto se hubiese retrasado nuestra vuelta...

 

Después de 5 largos meses de viaje llegamos a los Lagos Amargos, una zona pantanosa de marismas en la zona costera norte del mar Rojo…

 

¡Ah, pero ya casi estábamos en casa!

 

Tras 10 jornadas más navegando por canales y entre  inmensas extensiones de papiros, avistamos Menfis.

 

No voy a explayarme en cómo fue nuestro recibimiento.

 

Os lo podéis imaginar.

Baste decir que desde el Delta hasta la propia Tebas las orillas se veían invadidas por una multitud que nos aclamaba, que nos agasajaba, que salía a nuestro encuentro en embarcaciones de todo tipo entre música y vítores.

 

El Nilo era una fiesta a nuestro paso.

 

En poco más de 20 jornadas avistamos Tebas.

 

Así se llevó a cabo nuestra aventura, dando cumplimiento al deseo de nuestra Reina y al mandato que recibió de Amón, tal y como dejé grabado en la piedra del templo que construí para Ella:

 

”Navegando, llegando en paz, viajando hasta Tebas con el corazón alegre. Jamás se trajo nada igual a esto para ningún otro rey desde el principio del tiempo...

Cargados los barcos con las maravillas del País de Punt: todas las buenas maderas aromáticas de mirra, ébano, marfil puro, oro verde de Amu, madera de cinamomo, madera-hesyt, incienso, pintura de ojos, monos, babuinos, perros, pieles de pantera del sur, y siervos y sus hijos.”

 

 

Este viaje constituyó un gran logro para la política de la Reina, que así aumentó su prestigio y fortaleció su poder. También fue muy importante para mi amigo y para su carrera.

 

Para mí que ya lo tenía todo, sólo supuso un acto más de amor hacia Ella.

 

Me sentía muy feliz porque Su Majestad tenía en Nehesi un fiel servidor  y yo un amigo.

Esta es la aventura que compartí con él y doy fé de su lealtad y valía.

 

Adiós, Nehesi, amigo. Tras todos estos años la imborrable huella de tu amistad refresca mi mente en estos días aciagos, cuando después de poseerlo todo, sólo soy dueño de mi memoria.

Nehesi, el recuerdo de tu amistad es mi único apoyo cuando todo lo que he amado se está yendo: Primero Neferu-Ra, luego la Señora.. por último tú.

 

Que los dioses te protejan allá donde estés.

 

Adiós Señora, quieran los dioses que no se nuble nunca tu memoria. Que pervivas para siempre, como lo harás en mi corazón.

 

 

 

 

@ 2016 Sebet 



miércoles, 20 de enero de 2021

ARQUITECTURA DEL IMPERIO NUEVO

La arquitectura del Antiguo Egipto tiene su mayor apogeo en el Imperio Nuevo, debido al buen momento económico y a las grandes conquistas del exterior.

Se caracteriza por la generalización del uso de la piedra en la construcción de templos, desapareciendo la madera.

Se introducen nuevos elementos arquitectónicos, como:

  • Nuevos tipos de columnas y pilastras: protodóricas, florales, papiriformes, cilíndricas, osiríacas o hathóricas.
  • Gola egipcia: moldura curva que decora los entablamientos de la arquitectura. Puede estar sobre las puertas y tener forma de disco solar.
  • Se empiezan a usar obeliscos.

 

Arquitectura Religiosa

Fue la arquitectura religiosa la que se desarrolló más. Se produce un cambio en la estructura de las construcciones respecto a épocas anteriores, implantándose un modelo a partir del reinado de Amenhotep III.

Ese canon constructivo nos presenta un templo precedido de una avenida de esfinges, que lleva hasta un pilono, que suele estar flanqueado por dos obeliscos, estatuas colosales del rey y los estandartes del dios.

A continuación se entra a una sala hipóstila, con columnas papiriformes, y a través de ella se entraba al santuario de la barca sagrada.

Por último, se entraba a la capilla donde se guardaba la estatua del dios, en una naos, y donde sólo podían acceder los sacerdotes y el rey. También podía haber otras salas con otros dioses o tesoros.

Muchos de los templos tenían delante de un lago sagrado, representando las aguas primordiales de la creación, además de habitaciones, archivos y otras dependencias.

Algunos templos no siguieron este canon, pero en todos ellos se repitió la estructura mínima de patio porticado, sala hipóstila y capilla del dios.

Han quedado muchos restos de los templos de la dinastía XVIII, como el Templo de Amón en Karnak, el de Montu en Ermant y el Templo de Luxor, algunos ellos ampliados por varios reyes de esta dinastía y las siguientes. También hay restos de otros templos como el templo rupestre de Hatshepsut, de Amenhotep III en Hermópolis y Heliópolis, el templo de Ptah o el serapeum de Saqqara.

 


1.- El templo de Karnak es un enorme recinto lleno de ampliaciones por varios reyes, especialmente característica en la época ramésida.

La construcción más antigua de Karnak es la Capilla Blanca de Sesostris III (Reino Medio), no conservándose las primeras edificaciones del templo.

Kamosis y Ahmosis levantaron monumentos en Karnak.

Amenhotep I lo amplió.

Tutmosis I construyó una muralla que rodeaba al templo y amplió el templo con pilonos, obeliscos y sala hipóstila.

Tutmosis II volvió a ampliarlo con un pilono y dos obeliscos.

Hatshepsut realizó numerosas construcciones, algunas de ellas desmontadas y utilizadas de relleno.

Tutmosis III construyó el recinto de la Fiesta , además de otras dependencias y salas.

Seti I realizó la maravillosa sala de 134 columnas colosales.

Ramsés II realizó numerosas usurpaciones en este templo, y construyó una capilla para el pueblo, El Templo de Ramsés.

Los reyes posteriores continuaron realizando labores de restauración y nuevas construcciones.

 

2. El Templo de Luxor era la residencia donde, en la fiesta Opet, se trasladaba en procesión a Amón desde Karnak, para que regenerara al rey, de ahí su orientación hasta este templo.

El edificio más antiguo del Templo es el santuario con las tres barcas de Amón, Mut y Khonsu. La mayor construcción en el templo le correspondió a Amenhotep III, con columnata, salas hipóstilas, santuarios, cámaras y otras dependencias. Delante del pilono había seis estatuas colosales y dos obeliscos, uno de los cuales está en París. El resto de las construcciones son de la época de Ramsés II, incluida la decoración de la fachada del pilono con la Batalla de Kadesh. 

3.- El Templo funerario de Hatshepsut, construido en Deir El Bahari, junto al templo de Mentuhotep y excavado en la piedra.

Se accede al mismo desde el río por una calzada y un templo del valle. Está formado por tres terrazas escalonadas. Se llega de una terraza a otra a través de rampas. Fue diseñado por Senenmut, arquitecto y hombre de confianza de la reina.

 

4.- Del templo de Amenhotep III sólo quedan los dos colosos que flanqueaban la entrada, conocidos como los Colosos de Memnon, aunque recientemente se han encontrado otros dos colosos, aparentemente del mismo templo.

 

5.- Seti I comenzó la construcción de un templo en Qurna. Es una fortaleza construida en honor a su padre, Ramsés I. Estaba construido en arenisca, con el pilono de adobe y rodeado de una muralla con torres. Tras el pilono se accedía a dos patios, y un pórtico de columnas papiriformes. Al final, las tres partes principales del templo: el patio del culto solar, la capilla para el culto funerario del rey y las capillas de las barcas solares.

 

6.- Este mismo rey construyó su propio templo funerario (Templo de millones de años) en Abydos.

Se han perdido los pilonos y los patios de entrada, accediéndose al templo a través de la primera sala hipóstila. En el interior del templo se ven 12 pilares osiríacos, con 7 puertas que dan a las capillas de diferentes dioses. Cada capilla tiene un muro trasero con una falsa puerta, menos la de Osiris, que daban a una falsa tumba o cenotafio.

  

7.- El Rameseum, construido por Ramsés II como templo funerario a su propia persona, es el primer templo cuyos pilonos estaban construidos de piedra. Era un templo muy grande, y estaba rodeado por una muralla.

En la antigüedad, un canal desde el río llegaba hasta su puerta. Se accedía por el pilono a un patio porticado, con otro pilono flanqueado por estatuas colosales. De aquí a una sala hipóstila, a la que le seguían otras dos salas con pilares, el santuario y los almacenes del templo.

 

8.- Su hijo, Merenptah hizo su templo a imagen del de su padre y su abuelo, utilizando para ello material del templo de Amenhotep III. Fue desmantelado para la obtención de sales.

 

9.- El templo funerario de Medinet Abu, perteneciente a Ramsés III, es el último gran templo construido por los ramésidas. Fue levantado muy cerca del montículo primigenio de Tebas. Es un gran templo rodeado por una muralla con torreones, al que se fueron añadiendo otras dependencias en dinastías posteriores, como las Capillas de las Divinas Adoratrices de Amón en la dinastía XXVI, entre otras. Todo el complejo fue rodeado por una nueva muralla.

 

10.- Respecto a los templos solares, se vuelven a utilizar durante la época de Amenhotep IV Akhenaton, destacando los templos de la capital, Akhetaton: Gran Templo (Gem-pa-Atón) y Pequeño Templo (Pahut-Atón). Se trata de templos a cielo descubierto para realizar el culto al sol.

El Gran Templo se divide en dos partes, formadas por patios abiertos con pilonos de acceso. En su interior hay dos patios muy grandes, con 224 altares de ofrendas cada uno. En los dos patios posteriores se levantaban otros dos altares de ofrendas, probablemente destinados a la familia real... Por último, una gran piedra sagrada con forma de obelisco redondeado por la parte superior, la piedra benben, símbolo del sol.

Al sur del Gran Templo se hallan los restos del Pequeño Templo de Atón, con tres patios con pilonos de entrada y el sancta sanctórum. Estaba rodeado de una muralla.

También en la época de Amarna se introduce un nuevo tipo de construcción, a base de talatats, o pequeños bloques de piedra decorados con escenas.

 

Arquitectura funeraria

 

A partir de Amenhotep I, los reyes comenzaron a construir sus tumbas en el Valle de los Reyes, un territorio escarpado, de rocas en las que excavaban las tumbas, y rodeado por el desierto. Está al norte del cerro de El Qurna, cuya forma piramidal pudo ser la causa de la elección de aquel lugar (Wadi Biban el-Moluk).

El motivo de que las tumbas fueran excavadas dentro de la tierra habría que buscarlo en un auge de Osiris, dios del inframundo.

El Valle de los Reyes está dividido en dos partes:

  • Zona oriental o Valle propiamente dicho, donde están la mayoría de las tumbas de los reyes.
  • Zona occidental o Valle de los Monos, donde se encuentran la tumba de Amenhotep III y la de Tutankhamon.

Actualmente están clasificadas con las siglas KV (King Valley) y un número, que va en orden de descubrimiento.

Las tumbas del Valle de los Reyes tienen numerosas salas, rampas, o escaleras, y están decoradas con relieves o pinturas. Todos los Reyes del Imperio Nuevo, excepto Akhenaton, estaban enterrados allí.

Comenzaron con una estructura pequeña y sinuosa, para terminar siendo grandes tumbas a lo largo de un eje más recto.

Las reinas, princesas y príncipes eran enterados en el Valle de las Reinas a partir de la dinastía XIX (Ta set neferu). Se trata de un valle llano y amplio. En él hay 98 tumbas, más de la mitad de las cuales son de personajes desconocidos.

Las tumbas privadas en la XVIII dinastía, estaban formadas por capillas al aire libre por las que se entraba a un patio con un pozo que llevaba a las cámaras funerarias. La cámara solía estar bajo la capilla y el pozo se rellenaba tras el entierro. Parece ser que las tumbas estaban acabadas en la parte superior con un piramidión de adobe.

A partir de Tutmosis III, en vez de pozos se empiezan a usar pasadizos.

Los faraones de la dinastía XIX continuaron construyendo sus tumbas en la orilla occidental de Tebas. En esta dinastía se continúa con el abandono del eje acodado y la construcción de tumbas sobre un eje lineal. Sólo la tumba de Ramsés II no sigue este esquema nuevo.

Las puertas de las tumbas fueron cerrada y selladas, lo que no evitó los robos y saqueos

En la época de Seti I hizo aparición un nuevo elemento en las tumbas, una habitación lateral a la que se accedía desde la primera sala con pilares.

En la dinastía XX las tumbas se simplificaron bastantes, excepto la de Ramsés III. Como novedad respecto a tumbas anteriores, cambió la orientación del sarcófago al oeste, para que el rey mirara eternamente al este parra ver la salida del sol.

Es de destacar en el Valle de los Reyes algunas tumbas familiares, como la KV 5, la KV 12, KV27 y KV30. La KV 5 pertenece a los hijos de Ramsés II y está siendo estudiada en la actualidad.

Respecto a la arquitectura funeraria civil, destacamos la necrópolis tebana de los nobles.

Durante esta época, los nobles se hicieron enterrar en la necrópolis de El-Qurna.

Se trataba de tumbas excavadas en la tierra, y sobre las cuales podía haber una pequeña pirámide, que podría contener una estatua en una estela, o una estatua en una capilla.

Se accedía a estas tumbas a través de un patio porticado, y e conjunto en general estaba rodeado por una muralla.

 

ARQUITECTURA CIVIL

Los egipcios no empleaban la piedra para los edificios civiles y particulares, por lo que se conservan pocos de éstos.

Por los restos hallados de algunos palacios, como el de Akhenaton en Amarna y el de Amenhotep III en Malqata, se puede imaginar la distribución de las casas, aunque adaptándose a las posibilidades económicas de sus habitantes.

  • La ciudad de Akhetaton, situada en Tell El-Amarna, fue construida en un lugar del desierto, donde hay una montaña que, al ocultarse el sol, tiene la forma del jeroglífico "horizonte" o Akhet. Esta ciudad fue construida en honor a Atón, el dios sol. Allí se estableció Akhenaton en el año 5 de su reinado.

Estaba formada por dos barrios en los que vivían los funcionarios, separados por el centro religioso y administrativo de la ciudad, con los templos, palacio, talleres y oficinas. Más al este se encontraba el barrio de los artesanos. La ciudad estaba delimitada por grandes estelas fronterizas.

Las dos necrópolis de Akhetaton estaban formadas por tumbas excavadas en la roca, y equidistantes de ellas, la tumba del rey.

Hay un capítulo completo sobre esta ciudad en www.egiptodreams.com/AAketaton.htm

  • La ciudad de Malqata fue construida para las fiestas de regeneración del faraón. En ella había un gran estanque artificial, en forma de T. Junto a él había un palacio de adobe decorado con pinturas que, tras la primera Fiesta Sed, se demolió y se construyó otro mayor, también de adobe.

 

  • La ciudad de los trabajadores de Deir el-Medinah, era la residencia de los constructores de las tumbas de los reyes, reinas y nobles.

La parte más antigua de la ciudad data de la época de Tutmosis I, siendo continuamente ampliada. En el Imperio Nuevo la ciudad fue destruida por el fuego, posiblemente en época de Akhenaton. En el reinado de Horemheb fue reconstruida y vuelta a habitar.

 

La ciudad estaba dividida por la mitad por una calle de norte a sur. Todas las casas del pueblo daban a esta calle. Aunque las primeras eran solo de adobe, más adelante se comenzaron a hacer cimientos de piedra. Eran casas de una planta y con unas cuatro habitaciones, con una cocina en la parte de atrás.

 

  • De la ciudad de Tebas conocemos que estaba dividida en tres partes, una cerca de Karnak, otra cerca de Luxor y otra en la orilla izquierda del Nilo.

 

Su necrópolis estaba en el Valle de los Reyes y en el Valle de las Reinas.

 

  • Menfis fue una ciudad de gran importancia, especialmente durante el reinado de Ramsés II. De hecho, vivieron ahí muchos miembros de la familia real. Se encuentra en la actual Mit Rahina, y de ella quedan pocos restos, como el coloso de Ramsés II, la esfinge de alabastro, una estatua de Ramsés II y varias estatuas de dioses, reyes o sarcófagos. En esta ciudad había un templo dedicado a Ptah, construido por Seti I, y otro dedicado a Hathor, construido por Ramsés II.

 

  • Heliópolis, actualmente bajo la capital, El Cairo, tuvo varios templos construidos para Ra, Hathor y Atón. Es difícil que se puedan realizar excavaciones y los pocos restos proceden de saqueos en épocas antiguas.

 

  • Pi-Ramsés, en el Delta, era la residencia de los reyes desde Seti I. Ramsés II hizo de ella una hermosa ciudad, y la amplió con templos, barrios y numerosos negocios. En el centro de la ciudad se encontraba el Palacio Real, rodeado por los templos de Amón, Ra, Ptah y Seth, y flanqueado por dos colosos del rey.

 

  • Tanis, construida con los materiales de Pi Ramsés durante la XXI dinastía. Al descubrirla, los arqueólogos pensaban que habían dado con Pi Ramsés, debido a esta reutilización de materiales.

Marta Gracia Pérez Torres

Registrado en la propiedad intelectual. Puede utilizarlo citando la fuente.

 

 

domingo, 16 de febrero de 2020

NUEVO VÍDEO DE NUESTRO CANAL: CABEZA DE HATSHEPSUT

Buenas noches!! Os dejo un pequeño vídeo sobre una cabeza de Hatshepsut, perteneciente a una estatua osiriaca del Templo de Deir El Bahari, y que se encuentra en el Museo Egipcio de El Cairo. Espero que os guste!!.